La botica de la abuela: Piojos

Es época de piojos. La reciente vuelta al cole pone en riesgo la linda cabellera de nuestros pequeños, susceptible de ser colonizada por tan antipático parásito. Afortunadamente, ya ninguna mamá ataca a piojos y liendres armada de unas tijeras, pues aunque dejar la cabeza al rape era el mejor remedio para acabar con la plaga, lo cierto es que pelona Rosita no pinta nada bien.

Aquellas abuelas que no estaban dispuestas a sacrificar las fantásticas melenas de sus queridas nietas conocían tres remedios caseros para acabar con los molestos y vergonzantes piojos: vinagre de sidra, cepillados enérgicos y hojas de abrótano.

Antes de que existieran las avanzadas lociones farmacéuticas, o en aquellos lugares en los que era difícil adquirirlas, nuestras abuelas nos lavaban en pelo con un cuarto de vinagre de sidra diluido en un litro de agua. Frotaban muy bien con la mezcla el cuero cabelludo y dejaban el cabello impregnado durante una hora. Pocos eran los piojos que lograban sobrevivir. ¡Y quien lo haría a semejante chute de vinagre!

El modo de acabar cómodamente con los piojos es detectarlos cuando aún son pocos, para que la unión no haga la fuerza. Por eso es conveniente que se realicen enérgicos cepillados del pelo de los niños, ya que de ese modo se aprecia con facilidad si su cabeza tiene algún “huesped” indeseado.

Sin embargo, nuestras abuelas, siempre tan pacientes y entregadas, apostaban en todo momento por la prevención. Para evitar que los niños se contagiaran de piojos les aplicaban en la cabeza una infusión hecha a base de hojas de abrótano, una hierba que tiene la virtud de repeler a los insectos.

Imagen: MDZ; Altamar