La botica de la abuela: Fiebre

Cuando una persona tiene fiebre lo primero que hay que hacer es bajar de cualquier modo la temperatura corporal. Para romper la fiebre nuestras abuelas utilizaban unos método infalibles que les funcionaba siempre. Ya fuera con leche, cebada, lavanda o milenrama, nuestras abuelas conseguían que nos sintiéramos mucho mejor cuando estábamos enfermos.

Desde antiguo se sabe que un remedio muy efectivo para conseguir que la temperatura corporal del enfermo que presenta síntomas febriles disminuya es aplicar por todo el cuerpo leche fresca recién ordeñada, desde los pies a la cabeza.

Cierto es que nuestro ritmo de vida actual y el hecho de que el grueso de la población se concentre en las grandes ciudades (a varios kilómetros de una vaca) hace imposible que tengamos acceso a la leche recién ordeñada. Como alternativa, nuestras abuelas proponían hervir tres o cuatro puñaditos de cebada en un litro de agua, como sustitución de la leche fresca, y untar con el líquido resultante el cuerpo del enfermo.

Otro remedio que da muy buenos resultados es masajear los pies con aceite de eucalipto o de lavanda. En cuanto el enfermo se estabilice un poco externamente, lo mejor es que se tome tres veces al día un vasito del agua de haber dejado reposar una pizca de milenrama, eupatorio y pimienta de Cayena, ya que estimula la sudoración y reduce la fiebre.

En caso de que el aquejado por la fiebre fuera un niño, las abuelas le hacían beber una tisana más suave y agradable que la anterior: una infusión de hibisco y unas gotitas de limón.

Imagen: Saludyremedios; Happyflower