Esquizofrenia: causas, síntomas y tratamiento

La esquizofrenia es un tipo de psicosis y uno de los trastornos mentales más graves. Se calcula que en la actualidad una de cada 200 personas la padecen, y aunque es grave, hoy día existen tratamientos muy efectivos gracias a los cuales los enfermos pueden llevar una vida bastante normal, y sólo son ingresados en una clínica psiquiátrica cuando les sobreviene una fuerte crisis.

La esquizofrenia puede afectar a cualquier persona. No se conocen muy bien sus causas exactas, pero se sabe que existe una predisposición en determinadas personas a padecerla. Cuando se presentan síntomas aislados y se cuenta con antecedentes en la familia, se dice que la persona es esquizoide.

Se cree que los factores sociales y familiares guardan una estrecha relación con el desarrollo de la esquizofrenia, pero aún no se ha podido determinar en qué medida son causa directa o si realmente existe carga genética, aunque las investigaciones apuntan a que sí. La esquizofrenia presenta una gran variedad de síntomas, aunque el más común es una manera irracional de pensar o de actuar, a menudo combinada con razonamientos o comportamientos normales.

El retraimiento, la incapacidad de comunicarse con los demás o la extrema falta de concentración son otros de los síntomas, además de más conocido, el delirio, que puede manifestarse de diversas maneras, como que el paciente cree oir voces o se cree objeto de una persecución constante.

También pueden parecer trastornos emocionales, como llorar sin motivo, reír a causa de una catástrofe o quedarse impasible ante hechos muy graves. Las reiteradas contracciones musculares, los extraños gestos de la cara o la agitación de algunas extremidades también son considerados como indicios posibles de esta dolencia.

El tratamiento de la esquizofrenia consiste básicamente en fármacos, sobre todo los que tienen la capacidad de bloquear ciertos transmisores químicos del cerebro. Para los pacientes que presentan depresiones muy graves y que no han respondido a ningún tratamiento farmacológico se reserva la terapia electroconvulsiva, que consiste en la aplicación de una descarga eléctrica en determinadas zonas del cerebro para provocar una convulsión controlada en el paciente anestesiado.

Imagen: Theinmortalblog
Vía: Explored