
Las castañas son frutos típicos de los meses de otoño e invierno. Recuerdo a mi madre comprando castañas asadas en pleno diciembre, antes de la Navidad, y metiéndonoslas en los bolsillos del abrigo para calentarnos las manos… Además de estar muy ricas y poder emplearse como ingrediente para muchos platos, las castañas (y también la corteza del árbol que las produce) tienen estupendas propiedades medicionales.
La corteza del árbol, y, en menor proporción, las hojas, son muy ricas en tanino, además de contener azúcares, pectina, aceite esencial y otros principios activos.
Las preparaciones que se pueden hacer con la corteza tienen propiedades astringentes; resultan muy útiles para cortar las diarreas agudas y para hacer enjuagues bucales y gárgaras, cuando sufrimos de inlfamación de la boca y la garganta.
También tienen cualidades antitusivas; pueden administrarse demanera tópica (para hacer gárgaras) como en forma de infusión. Calman la tos irritante que se produce cuando hay irritación de las vías respiratorias altas.
En cuanto a las castañas, su mayor cualidad es que aportan sustancias alcalinizantes que neutralizan el exceso de ácidos en la sangre y facilitan su eliminación por la orina. Esto es especialmente bienvenido por aquéllos que padecen reumatismo por un exceso de ácido úrico. Contienen muy poco sodio y una elevada proporción de potasio; por eso, están especialmente indicadas en las dietas de los hipertensos y cardíacos.
Para hacer una decocción o infusión de corteza de castaño, hay que contabilizar cincuenta gramos de corteza triturada y otros cincuenta de hojas por cada litro de agua (también puede hacerse solo con hojas, en cuyo caso se ponen cien gramos por litro de agua). La mezcla se hierve durante quince minutos, se filtra y se endulza con miel. Hay tomar tres o cuatro tazas al día, hasta que se corte la diarrea o desaparezca la tos.
Imagen: Zak_Greant.




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