
Aunque el consumo de alcohol está íntimamente ligado a nuestra cultura y gastronomía y cierto es que un vasito de vino de vez en cuando no sólo no es perjudicial, sino que tiene efectos beneficiosas para nuestra salud, la realidad es que un consumo de alcohol de forma excesiva y prolongada puede derivar en una dependencia del mismo.
El alcoholismo es una enfermedad crónica que interfiere en la salud física y mental, íntimamente ligada al fracaso social, familiar y laboral que como drogodependencia catalogada que es posee dos vertientes: la adicción física y la psicológica.

El síntoma más claro de dependencia física es la tolerancia que el alcohólico presenta al mismo. Además, el alcohol tiene efectos directos sobre el sistema nervioso central, como la depresión, como resultado de la disminución de la actividad, la ansiedad, tensión e inhibiciones. La concentración empeora y en cantidades excesivas, el alcohol produce intoxicación y envenenamiento.
El alcohol degrada físicamente y puede provocar lesiones como la irritación del tracto gastrointestinal con erosiones en las paredes del estómago debido a las náuseas y vómitos, deficiencias nutricionales o enfermedades como cardiopatías y cirrosis hepática.
El desarrollo de la dependencia del alcohol comienza con una excesiva la tolerancia por parte del bebedor. Después se suceden lapsus de memoria, falta de control al beber, y dependencia del mismo para desarrollar con normalidad la vida diaria. Aunque no se conoce con exactitud las razones por las que una persona desarrolla alcoholismo, lo cierto es que se cree que la causa puede deberse a anomalías genéticas o bioquímicas, ya que personas con antecedentes familiares son más proclives a desarrollar la enfermedad.
Hasta que las causas primarias del alcoholismo sean descubiertas, el único modo de prevenir el problema es la abstinencia o un consumo de alcohol extremadamente moderado. Reconoceremos que una persona tiene problemas con el alcohol cuando presente síntomas como la necesidad frecuente de alcohol para desempeñar su función diaria.
Pérdida de control para interrumpir o reducir el consumo de alcohol, ser un bebedor solitario, poner excusas para beber, episodios de pérdida de memoria, episodios violentos, deterioro de las relaciones sociales, absentismo laboral, negación, hostilidad hacia el tema, negarse a ingerir alimentos, vómitos, entorpecimiento y temblores, enrojecimiento y dilatación de los capilares de la cara, cansancio y agitación, insomnio, alucinaciones, psicosis o taquicardia son otros de los síntomas que presenta un alcohólico.
Los programas de tratamiento tienen diferentes resultados, pero mucha gente con una dependencia del alcohol tiene una completa recuperación. Suelen durar de 5 a 7 días, aunque luego hay que llevar a cabo un programa específico de mantenimiento. Aunque desintoxicarse del alcohol no es una tarea fácil, sin embargo la mayor dificultad a la que se enfrenta un ex alcohólico es a no recaer, pues se trata de una droga legal que goza de la aceptación social, siempre presente en reuniones y planes de ocio, por lo que la personas deshabituada tendrá que luchar con la tentación de no volver a caer en sus redes.
Imagen: Sonicando
Vía: Medlineplus




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